Tribunal popular.

(15 mar 2012) por     8 Comentarios    Posteado en: Yo misma

Me pasaba en el parque. Bueno, al principio no; al principio todo eran miradas tiernas, y casi de complicidad.

“¡Qué suerte que tengas leche suficiente!”, me decían. Y yo, claro, que mejor me callo, porque si empiezo a decir que todas tenemos leche, seguro que algo me dirá alguna.

Cuando mi hija cumplió 6 meses, la ternura ya fue desapareciendo y fue sustituida por la curiosidad, y a los 9, por el apremio: “¿Y hasta cuándo le vas a dar el pecho?”

Al año empezó a haber posturas encontradas. Se abría el debate cuando yo llegaba, y la cosa estaba dividida: había quien decía que qué bien, que yo pudiera darle teta todavía, y quien ya decía que tan mayor algo tendría que comer.

Por cierto, aprovecho para decir aquí que un niño que mama no necesariamente se alimenta exclusivamente de la leche de su madre; es más: yo diría que la gran mayoría de los niños de 4 ó 5 años que todavía maman comen otras cosas. Lo digo porque parece excluyente: si das teta tu hijo no come otra cosa, sobre todo porque serás tú quien no se lo dé. Pues no.

Al año y medio ya había muchas más partidarias de que lo dejara que de que continuara con la lactancia. Como si eso a mí me importase algo, ya ves. A los dos años la gente se atrevía a hablarme directamente, y directamente empezó a decir que no le parecía bien.

Ahora ya me juzgan en silencio. Y algún médico se ha negado a hacerme análisis porque seguro que amamantando los resultados salen “falseados”.

Esto en cuanto a la teta.

Pero es que, para  consternación de muchos, no sólo amamanto.

La cuestión es, fíjate tú qué descaro, que he criado a mi hija pequeña en brazos, sin apearla ni un solo momento hasta que pudo caminar por sí sola y quiso hacerlo de forma continuada. Y, esto ya es el colmo, colecho con mis hijas. Y por si esto fuera poco, y para rematar la faena, ¡lo digo abiertamente!

Lo cuento todo: sí señor: amamanto, porteo y colecho. ¡Si es que voy provocando!

Creo que todas estamos de acuerdo en que es terrible sentirse juzgada. No es sólo que sea molesto, es que cuando estás permanentemente sintiendo que los demás (TODOS) cuestionan lo que haces, terminas sintiéndote pequeñita, débil. Al final, tu confianza falla y cedes. Y sufres, pero ya no te atreves a decirlo, por temor a un nuevo juicio.

Por cierto, se me ha olvidado decir una cosa: he vacunado a mis hijas, a las dos, de prácticamente todo lo vacunable. ¿A que jamás lo hubierais pensado? ¿A que realmente creíais que venía todo en el mismo lote, el de neohippie irreverente? Pues no. Resulta que lo de las vacunas me lo he saltado.

Es que, pese a lo que crea mucha gente, cuando nos convertimos en madres pensamos muy bien cada cosa que decidimos respecto a nuestros hijos, y salvo deshonrosas excepciones, TODAS, independientemente de lo que decidamos, lo hacemos sólo por el bien de nuestros hijos.

Por eso nos hace sentir tan mal el juicio: porque nos cuestiona como madres, porque presupone que haríamos algo contrario al bienestar de nuestro bebé con tal de salirnos con la nuestra, o llamar la atención. Y muchas veces cedemos al juicio, no por presión de grupo, sino porque nos llega a hacer creer que lo mejor para nuestro hijo es que cambiemos nuestra actitud.

Es que pensadlo. Pensemos al revés para ponernos en el extremo opuesto: Imaginaos una mujer que decide no amamantar en ningún momento. Imaginaos que en el parque veis a una madre con su bebé de pocos días y un biberón. Imaginad también que dice tranquilamente que no es que no haya podido, es que ni lo ha intentado.

Vosotras también juzgáis; yo lo hago; y al hacerlo, estamos haciendo que esa madre se sienta pequeña e inepta; y puede que intente amamantar, y que su experiencia sea negativa. Y entonces será ella la que diga que lo intentó todo pero es que ella no pudo. Y será la primera que se ponga hecha una fiera cada vez que alguien amamante a su hijo, porque se sentirá atacada, porque en realidad lo fue.

Igual que la madre que decide no vacunar. Será tachada de irresponsable y hasta de poco solidaria. El pediatra y todo su entorno juzgarán esa decisión. Y ella se sentirá mal.

 

Tendemos a creer que lo nuestro está bien por oposición a lo otro. O mejor: que lo otro está mal, por oposición a lo nuestro.

Por eso hay “religiones verdaderas “, y todo aquel que no comulgue con ella es un “infiel”. Por eso  las madres del parque, o las del colegio, me miraban con desaprobación.

Yo me he sentido chantajeada por una sociedad entera, muchas veces. Vosotras que me leéis, también, y probablemente por los mismos motivos o similares. Pero realmente, ¿somos conscientes de las veces que lo hemos hecho nosotras?

Creo que la cuestión está en dejar de pensar que cada decisión del vecino tiene que ver con nosotros. Dejar de pensar que cuando quieren ponerse cresta es porque quieren llamar la atención, o ir contra corriente; porque probablemente sea porque le gusta llevar cresta. ¿No?

 

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  • ComParto totalmente tu sentir, lo que esta claro es que el ejercicio mental que tienes que hacer en esta epoca de tu vida acaba resultando desafiante. No solo tienes que ver como te enfrentas a los cambios que se producen en todo tu ser y ver si puedes/quieres amantar, sino que luego vas descubriendo todo un mundo desconocido en ello y a la vez vas teniendo que explicar al “mundo exterior” que es lo que estas haciendo, porque lo haces… Y como bien explicas al principio es más o menos “fácil”, pero cuando va pasando el tiempo vas teniendo que inventar nuevas explicaciones, yo ya desde el humor, que es lo que he encontrado más cómodo, porque ni me desgasto dando explicaciones ni me tomo demasiado en serio las dudas que me plantean.

  • Ayer estaba yo en la piscina esperando a que terminase mi hija, como no me llevé al peque pude participar de la “tertulia” de madres a la que siempre falto por ir al trote tras el peque.

    Resulta que hay una madre embarazada, que tuvo una mala experiencia con el pecho con su hija y que ahora no desea amamantar, ni siquiera intentarlo. otra madre le decía que la leche materna protegía de un montón de enfermedades, alergias, etc…, yo expuse que para mi es lo más cómodo, pero que cada una lo ve de una manera. Al final estábamos 3 madres contándole las maravillas del pecho, yo le daba alternativas como una mochila para que no se sintiese agobiada en casa “sin poder salir”, a lo que me respondió que ella no iba a estar por ahí con la teta fuera a toda la hora…; me sentí atacada, porque yo sí estoy a toda la hora por ahí con la teta fuera, de hecho, cuando me llevo al peque a la piscina, mientras esperamos a su hermana toma teta varias veces delante de todo el mundo, y a mi no me importa.

    Entonces comprendí, que cada una es cada cual, que lo mismo que a ella le encanta ir de tiendas, a mi me agobia, pagaría por no ir de tiendas!!!, y lo mismo que a mi me supone una comodidad tremenda dar el pecho, a ella se le plantan los pelos sólo de pensarlo. Quizá si con su hija hubiese tenido un buen apoyo y la experiencia hubiese sido positiva ahora no le espantaría la idea del pecho, pero no es así, y hay que respetarlo, no juzgar igual que no nos gusta ser juzgadas.

    A mi al principio tampoco me gustaba estar con la teta fuera, pero con el tiempo te vas acostumbrando y lo acabas viendo como algo de lo más natural. Pero es un proceso, no puedes juzgar a nadie por no ver las cosas igual que tú, porque cada cual sigue su camino y no tienen por qué ser iguales, ya sea por elección o porque la vida te lleva.

    Claro que me gustaría contarle a esa madre todas mis experiencias para que le sirviesen y pudiese elegir con más conocimiento de causa, claro que me gustaría que ela por un momento viese las cosas como yo…, pero eso no es más que pura autocomplacencia, ni yo lo hago todo bien, ni ella todo mal y viceversa. Nadie puede escarmentar en cabeza ajena…

    Saludines, un placer leerte!!!

    • Para mí es un honor tenerte por aquí, ya lo sabes, Lilian.
      Espero que pronto nos dejemos de juzgar unas a otras, y nos respetemos en nuestras opciones de crianza, porque no podemos exigir respeto sin respetar nosotras.

  • Bueno… yo no soy muy partidaria de escribir en blogs porque tengo la sensación que en la mayoría de ellos una persona se dedica a escribir y las demás a darle el parabién, a darle las gracias, decirle lo grande que es, etc. y a mí personalmente me rechinan las conversaciones sin pizca de autocrítica, sin crítica constructiva que ayude a crecer y a mejorar como persona. Estos días he estado entrando por aquí porque estoy de vacaciones y me he topado con este comentario tuyo, Raquel, y me gustaría comentar mi experiencia. No sé si importará a alguien, ni sé si quizás a alguien le sentará mal pero soy una persona de fuertes convicciones y sobre todo, sincera y respetuosa hasta el extremos con los demás (cosa que casi nunca sucede al revés, sobre todo cuando no escondo que soy creyente y me dan palos por todas partes).

    Me ha sorprendido esta autocritica que te haces y que yo me hago y es que a pesar de que no estoy de acuerdo con varias cosas sobre las que escribes y que me parecen mezclar “churras con meninas” (he dicho que sería sincera), en eso estamos de acuerdo.

    Yo he estado de los dos lados: por una parte, he sido de esas mamás que la gente mira porque su bebé de más de un año (¡oh, Dios mío!) sigue tomando teta…que parece que ya hay que dejarlos ir al cine con los amigos, y he sido igualmente juzgada por esas personas que yo llamo “radicales de la teta” que se han atrevido a juzgar el que yo no haya hecho colecho ni haya porteado a mi niña mayor ¡y ni conocía siquiera el significado de esas palabras!… por eso me siento reflejada en eso de que a veces criticamos lo que hacen los demás sin pensar en las razones que han podido llevar a esa persona a actuar de esa forma o de otra.
    Esas “radicales de la teta” trataban de hacer que desapareciese la sillita en la que cómodamente dormía mi niña mayor cuando era pequeña ¡con lo preciosisisisisimo que es portear! sin saber que esa criatura había sido amada con intensidad desde el primer día de su concepción, llevada en brazos ajena al “se va a acostumbrar”, amamantada en todas las horas del día aunque eso supusiese dormir en un sofá sentada con ella en brazos. Una niña a la que le habrán faltado juguetes, andadores, corrrepasillos…pero no los brazos de sus padres ni los desvelos.

    Y me sentí criticada por cierta persona cuando mi primera hija dijo que no a la teta con 15 meses “por que no insistí ni la obligué a engancharse otra vez, que era lo mejor para ella”. Pues no, porque ella desde los 10 meses sentía más atracción por la comida a trocitos, porque a pesar de darle primero teta y luego comida no quería seguir tomando y porque no veía el problema en que con 15 meses se destetase (otra cosa sería si tuviese 5)… Primeras sentencias condenatorias para mí. Y me entristece que se tenga que seguir hablando de “crianza con apego” cuando eso es algo que debería salir de dentro, algo lógico, algo instintivo…o quizás ahora juzgo yo.

    Esas “radicales” se atrevieron a decir que como era posible que no durmiera con nosotros…cuando al más mínimo sollozo ya estaba su madre a su lado, meciéndola, cogiéndola de la mano a través de los barrotes de la cuna, cantándole bajito…mis hijas nunca han tenido horarios para dormir, ni métodos, ni nada. Y es hoy el día que duermen cuando quieren sabiendo que sus padres están al quite si les ocurre cualquier mínima cosa. Y no lloran jamás de noche. ¿Es ilícito actuar así?

    Y chicas, yo amamanto porque mi amiga Nieves que es matrona y que fueron las manos que tocaron primero a mis hijas en partos totalmente naturales sin reloj ni prisas, me dijo una frase que sonó a gloria: “antes de darle un biberón, llámame, sea la hora que sea. Yo estoy las 24h para tu niña y para ti”. Y me dijo que iba a ser duro al principio, que yo era fuerte y que no desistiese, que era lo mejor para ella, que no me dejase criticar…y aún así, si me veía incapaz, si mi salud psicológica estaba en juego…que le diese lactancia mixta… eso fue lo que me impulsó a seguir en exclusiva con la teta, la holgura que me dejó a la hora de coger un biberón en un momento dado de crisis profunda, el saber que no iba a ser juzgada. Y creo que así debemos ser nosotras como dice Raquel, con las demás mamás.

    Yo entono el “mea culpa” también, y me critico muchísimo porque juzgo continuamente a las mamás que le enchufan un biberón a la primera de cambio a un recién nacido, porque veo que muchas hacen oidos sordos a los llantos, porque como me dijo una hace poco en el parque “yo no voy a estar con la teta fuera todo el día, que me agobio” ¡mala madre! fue lo primero que pensé! ¡egoista! fue lo segundo…y después, observando detenidamente los ojos de esa mujer vislumbré un tinte de amargura y tristeza que me conmovió y pensé que la pobre no debía sentirse bien y que sólo por decirle yo que mi niña de 14 meses tomaba leche materna todavía por las noches se había sentido seguramente herida en su ser de madre que por una razón u otra no había querido o podido dar pecho a su bebé de 2 semanas.

    He dicho que voy a ser sincera y quiero compartir esto con vosotras: sé de mujeres que han huido de los grupos de lactancia y han abandonado el pecho porque más que sentirse comprendidas se sentían presionadas por no saber hacerlo bien, porque no cumplían con el “porteo-colecho-teta”, porque veían ciertos tintes de sectarismo que les echaba para atrás (Cuando he visto lo del círculo ese me me he acordado de lo que comentaban…). Y aunque yo no soy nadie, desde hace tiempo cuando una madre me comenta que va a abandonar despliego todo mi optimismo y cariño y la animo que a que siga, a que me llame… incluso en más de una ocasión he ayudado a colocar la boquita del bebé en pecho ajeno y prácticamente desconocido pero sin esperar nada más ni exigir nada más. Las personas somos personas, no somos dioses y estamos limitadas. Además, arrastramos un bagaje cultural y familiar que a veces pesa y del que no es fácil desprenderse.

    Os animo a seguir por ese camino porque pienso que sólo así, con el hacernos visibles,con el ejemplo cariñoso, con la disponibilidad, conseguiremos que muchas mamás lleguen a la conclusión de que ellas también pueden.Y oye, si no pueden y tienen que dar biberón qué le vamos a hacer. En mi hospital que se hace llamar “amigo de la lactancia materna a mí me ofrecieron muchas veces un biberón de fórmula cuando tuvimos que ingresar a mi pequeña con 10 días ¡y de marca!. Y he oido como ridiculizaban la lactancia materna y a las madres “enganchadas a la teta” y he visto a bebés ingresados con la mía vomitar biberones enteros y llorar desesperados porque sus madres se habían ido a casa “que tenían que descansar” y las enfermeras diciéndoles “venga nene, que no te estoy dando veneno, que es comida”… :( .
    Muchas madres se engancharon entonces al biberón, muchas de ellas en un estado de debilidad mental grande…¿ y quién la iba a juzgar entonces? ¿yo que vi la presión a la que había estado sometida por el personal hospitalario?. Yo era “la rara” (me lo puso una auxiliar) porque amamantaba y me quedé al pie de la fría cuna de plástico vacía todos los días que estuvo ingresada y a pesar de los cables no permití que nadie me la quitase de los brazos porque según decían, la más importante era yo, que ella estaba bien atendida por ellos.

    Muy bien por ese post Raquel, no juzguemos y no seremos juzgados. Siento haberme extendido tanto… para ser de las primeras veces que escribo en un blog me he despachado a gusto… ;) y perdón si alguien se ha sentido herido. Todo esto va escrito desde el respeto, os lo aseguro. Lástima de la frialdad de las letras escritas en ordenador…un saludo a tod@s.

    • Ay, María, me he emocionado tanto leyendo tu comentario.
      Gracias. Gracias por leer aun las cosas con las que no estás de acuerdo. Gracias por animarte a escribir algo que a mí al menos, me ha movido tanto…
      No creo que hayas herido a nadie con este comentario. Se nota que cada palabra rezuma respeto.
      Entiendo todo lo que quieres decir, y creo de hecho que incluso las “radicales de la teta” lo entienden. Yo las entiendo, porque también lo he sido, igual que he sido “radical de todo lo contrario”.
      Tú misma hablas de mochilas, bagajes personales con los que viajamos por esta vida, y eso condiciona y mucho, la manera en la que reaccionamos.
      Yo no pude amamantar a mi hija mayor. Mientras era madre sólo de Laura, me hería profundamente cada artículo que hablaba de los beneficios de la lactancia materna, cada comentario de una mujer que sí amamantaba. Cuando nació mi hija pequeña sabía que le iba a dar teta. Y fue tan difícil al principio… En ese momento, me rabié, estaba muy enfadada porque no había conseguido dar de mamar a a mi hija mayor, y eso me radicalizó en sentido contrario.
      Pertenezco a una asociación de grupos de apoyo. De hecho, acabo de acreditarme como monitora de La Liga de la Leche. Soy consciente, porque lo he escuchado en alguna ocasión, de que hay gente que piensa que somos una especie de secta, y sé que se han sentido atacadas.
      No voy a valorar el trabajo de otras monitoras, sobre todo a quienes no conozco, pero se nos exige un trabajo brutal en el tema del respeto y de los prejuicios. Ante todo está el respeto, el que la madre se sienta acompañada en sus decisiones, que la mujer recupere su libertad de elección. Se le ofrece toda la información y todo el apoyo que necesite, sea la que sea su decisión.
      Cuando una mujer viene a la tienda en busca de ayuda, la primera pregunta es “¿Qué quieres hacer?”
      Pero soy humana. Todas somos humanas. Es inevitable que nuestras mochilas salgan de vez en cuando, igual que es inevitable que la mochila de quien escucha también salga, y entienda lo que necesita o puede entender en ese momento.
      Ahora, en lo que estoy frontalmente en contra es en los “packs”: tú puedes ser de teta, y no dormir con tu hijo, puedes creer en lo que te dé la gana y puedes poner todas las vacunas del mundo.
      Cuando Carlos González escribió En defensa de las vacunas, hubo mucha gente que se sorprendió; incluso mujeres que hablaban del pediatra como “San” Carlos González, dijeron que les había decepcionado. ¿Por qué? Pues yo creo que es la teoría de la Gestalt (el cerebro humano tiende a completar las formas que el ojo no ve) pero aplicadas a las creencias: si hablas de crianza con apego, parto normal, lactancia no interrumpida, … entonces tienes que hablar de colecho, de portabebés y de “libertad vacunal” (que suele significar NO vacunar). Bien, pues mira, aprovecho la respuesta (que a mí también me está saliendo larga de narices) para aprovechar que no es así.
      Yo no soy católica practicante, ni creo en un Dios así, con mayúsculas. Amamanto a una niña de casi 5 años. Duermo con ella (bueno, ella conmigo), la he llevado en los portabebés hasta que no ha querido más y LA HE VACUNADO DE CASI TODO LO VACUNABLE, igual que a su hermana.
      Y a lo mejor me he equivocado en algo. A lo mejor me equivoco en las vacunas que le he puesto, o a lo mejor me equivoco en las que no le he puesto. Probablemente. Ser madre significa aprender a equivocarse, porque eso lo hacemos constantemente.
      Lo único que yo pretendo, con este blog, con la tienda, conmigo misma cuando acompaño a otras mujeres es que seamos nosotras mismas quienes nos equivoquemos, y no otros.

  • Jo, pues muchas gracias por tu respuesta… lo que creo firmemente es que antes de criticar un tema cualquiera que sea, una decisión personal de alguien, las creencias de una persona; antes de publicar en el facebook o cualquiera que sea la red social a la que te has unido una imagen que puede herir a alguien en lo que forma los cimientos de su vida hay que ponerse primero en el lugar del otro, después leer, interesarse, formarse en el tema para tener argumentos fundados a favor o en contra, contrastar ideas, debatir sanamente y aún así, intentar ser tremendamente respetuoso con los sentimientos de los que te puedan estar leyendo porque si bien es verdad que cada uno somos libres de escribir lo que queremos, también es verdad que el defender tus ideas no tiene que significar atacar las de otros y es por eso que yo trato de no publicar nada que pueda herir en lo más mínimo a los demás… aunque con lo del método estivill no puedo… y sé que hay al menos 2 amigas mías que lo han seguido y me hierve la sangre…jajaja.. cada vez que pongo lo de los perjuicios que tiene me dicen que a ellas muy bien, etc…ya veremos lo que sucede el día de mañana con ese niño.

    En fin, que pocas personas tienen ese tacto conmigo y la verdad es que a veces una también se hace pequeña como dices y se siente un pelín inferior y atacada injustamente por personas que no han tenido experiencia no sólo de lo que de verdad (pero de verdad) es la Iglesia sino que no ha amamantado y se defiende atacando como animal herido.

    Yo te agradezco mucho tus palabras y en cierto modo vienes a sumarte a lo que yo siempre he creido y es que detrás de las grandes diferencias es mucho más lo que nos une a las personas que lo que nos separa y que hay que luchar por acercar posturas, conversar sin prejuicios y sobre todo, con conocimiento de causa.

    Yo con mi María lo pasé FATAL. Lo de las grietas me dejaba hecha polvo y tengo un montón de fotos en las que salgo con los ojos rojos de tanto llorar… fue duro pero nació con poco peso y me empeñé tanto que lo conseguí y aunque empecé con lactancia mixta, a los 2 meses (que fueron una eternidad) abandonamos los biberones y seguimos solo con teta. Y eso de que los papás interactúan más con el bebé con el biberón es MENTIRA, que hay que ver lo que sufrió Efrén los problemas “tetiles” que le llama él, y lo unido que se sintió a nosotras en la lucha por lo que él también consideraba lo mejor de lo mejor: la lactancia materna.

    En cuanto a lo del sectarismo…bueno, yo también lo viví de primera mano. Recuerdo una “tetada” que se hizo en Murcia cuando María era pequeña (ya no tomaba pecho pero acudí de forma testimonial) y recibí presiones varias… sé que serán casos aislados, sé que como en todas partes hay gente ejemplar y gente que va por libre y sé que si sigues con ese carisma y con esas ganas de respetar por encima de todo lo harás genial y entre unas y otras iremos consiguiendo avances y sobre todo “cambios de chip” en mujeres que ni imaginan los beneficios que no sólo tiene para el bebé la teta sino también para las mamás.

    ¡Ah! y yo sé de una chica que se sintió defraudada por lo de las vacunas y Carlos González (cuánto me ayudó su libro “un regalo para toda la vida”) , no vacunó a su niña y ahora la pobre lo está pagando… y también me he enterado de que la tasa de niños con sarampión, que era una enfermedad en vías de extinción en España ha crecido enormemente entre colectivos de niños que no han sido vacunados y no sé si sabes que la enfermedad no es inocua, que puede causar graves lesiones… en fin, que todas fallamos como madres (yo también lo hago) y creo que el vacunarlas las protege y no les hace ningún mal. Y te felicito por haberlo hecho.

    Sólo una última cosa: yo cuando hablo con las mamás de la teta hablo con conocimiento de causa y datos. Cuando mi Sara estuvo ingresada, fue la última en llegar y aunque las mamás me desanimaban continuamente sobre que no contase con llevármela pronto (que también tiene narices) fue a la primera a la que dieron el alta. Su pediatra de la UCI de neonatos, un hombre mayor a punto de jubilarse y según nos dijeron, el mejor pediatra de la planta lo tenía claro: la lactancia materna y el no haberme separado de ella (solo por las tardes que me relevaba su padre unas horas) había sido FUNDAMENTAL para su recuperación. Nos dijo claramente que de haberle dado biberón, la cosa no habría sido igual. Las otras mamás nos miraban incrédulas cuando vieron que nos íbamos con nuestra niña a casa. Eso lo llevo marcado a fuego.

    ¡Ah! y el hospital se llevó su correspondiente denuncia por lo que mi marido, mi amiga matrona y yo consideramos que fue un trato denigrante para conmigo por la única razón de dar lactancia materna exclusiva y dedicarme en cuerpo y alma a mi bebé, cosa que parecía que molestaba al personal sanitario por “interferir” en su trabajo.

    Gracias por tu respeto, Raquel. Un beso.

    • Sólo una cosa que me parece de justicia, sobre todo tal y como estamos, hablando de respeto.
      Tú y yo hemos vacunado. Carlos González aboga por las vacunas. Pero la mayoría de la gente que conozco que no ha querido vacunar lo ha hecho después de informarse mucho y pensarlo mucho. No comulgo con su manera de ver las cosas en ese aspecto, igual que no comulgo con muchas otras. Pero sigue siendo digno de respeto, porque es su opción, y porque nadie toma esa decisión a la ligera.
      Lo dicho, María, un placer. Esto es La Teta y Más: podemos hablar de todo, y siempre con una mirada clara y limpia, llena del más absoluto respeto. Porque ante todo somos madres, y debemos apoyarnos.
      Besos

  • Sí, por supuesto… si esa ha sido su opción por algo será. No pongo en duda su valor ni su mérito como padres. Un placer también para mí. :)

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